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Alfredo
Pita
Nací
en 1948 en Celendín, un bonito pueblo escondido en un pequeño
valle de los Andes del norte de Perú, y que es para mí
el marco de mi infancia, los límites del paraíso
y de una felicidad diáfana, natural, gozosa y sin fin,
que duró sólo unos cuantos años, hasta que
los mayores decidieron que había llegado el tiempo del
viaje y me enviaron a estudiar a Lima.
Celendín
sigue siendo para mí esa arcadia en la que cada mes de
agosto elevo mis cometas en las colinas de San Isidro, mientras
a mis pies se adormece la ciudad armoniosa, con sus muros blancos
y sus tejados colorados, por donde se escapa el humo de los fogones
donde se preparaba, a las cuatro de la tarde, el chocolate que
todos, pobres y ricos, tomábamos a esa hora. Me recuerdo
jugando al trompo, o contemplando horizontes y nubes lejanas,
pensando dónde se incendiaba el atardecer cuando se ponía
tan rojo sobre las montañas azules; o escuchando a mi abuela,
que fue muy importante en mi vida, pues me contó infinidad
de historias y me enseñó, de algún modo,
a narrar, sin saber que todo eso me iba a servir un día
en mi actividad de escritor.
Ahora vivo en París, donde trabajo en mis libros y como
periodista en una gran agencia de prensa. Mi vida es como la del
resto de la gente en esta ciudad. A veces las cosas son difíciles,
pero creo que la vida es bella y hay que vivirla plenamente; que
el buen humor es esencial y que hay que cultivarlo para que las
cosas sean mejores.
En todo esto
me ayudan los mejores recuerdos de mi infancia.
En el año 2002 CIDCLI publicó mi cuento Alberto,
un pequeño capitán.
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