 |
Felipe
Garrido
Todos
los días, todos nosotros escuchamos y contamos cuentos.
Al regresar de la escuela, siempre hay alguien que nos pregunta
¿cómo te fue?, ¿qué hiciste hoy? Y
nosotros contamos historias sencillas con las cosas que pasan
todos los días: que María no fue a clases; que se
armó un gran alboroto en el patio porque se metió
un perrito callejero; que la maestra estrenó un vestido
precioso
También
podemos, sobre esas mismas historias, con nuestra imaginación,
inventar otras más emocionantes, más chistosas,
más complicadas. Podemos decir que María salió
en un largo viaje hacia el oriente, porque descubrió que
tiene unos primos en Japón. Que una manda de lobos feroces
atacó al maestro de deportes, quien tuvo que subirse a
un árbol. Que la maestra se volvió rica porque encontró
en su casa un cofre lleno de monedas de oro. Y podemos elaborar
esas historias mucho más todavía. Los primos de
María tienen un changuito amaestrado que puede ver el futuro.
Fernando y Julián me ayudaron a capturar al lobo jefe.
La maestra encontró el tesoro porque una viejecita se le
apareció en sueños y le dijo dónde estaba
enterrado. Todas las historias del mundo comienzan con sucesos
ordinarios, de los que pasan a diario.
Los escritores no inventan sus historias: se las encuentran en
la calle, o en su casa, o en la escuela. Los escritores aprenden
a descubrir historias allí donde otros creen que no está
pasando nada. Así comencé a contar mis cuentos cuando
era niño y así los sigo escribiendo ahora, uno de
ellos es Lección
de piano publicado por CIDCLI en 2002.
|