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José
Manuel Fajardo
Nací en
Granada, España, en 1957, o sea, en el siglo pasado.
Hace un montón de tiempo. Durante muchos años
viví en un barrio feo y aburrido de Madrid, y mi principal
diversión era leer libros de aventuras e imaginarme
que era un pirata temible o un viajero que descubría
nuevos mundos. Durante las vacaciones de verano, mi padre solía
leernos a mi hermana y a mí libros antes de dormir.
Me acuerdo del año en que nos leyó la guerra
de los mundos, de H. G. Wells, en el que los marcianos invadían
la Tierra. Hacía mucho calor y cada noche yo salía
al balcón de mi casa para ver las estrellas, con la
cabeza llena de platillos volantes. A veces, mientras miraba,
en el cielo se dibujaba una línea blanca y luminosa,
como si una tiza rayara una pizarra: era una estrella fugaz,
pero yo me imaginaba que, en realidad, era una nave espacial
y que traía a bordo un extraterrestre. La verdad es
que me gustaba mucho leer, pero todavía me gustaba más
inventar mis propias historias. Me gustaba tanto que cuando
crecí terminé por convertirme en escritor. Aún
me acuerdo de aquellas noches de mi infancia. Por eso escribí este
cuento, para compartir con otros niños, ahora que yo
he dejado de serlo, aquella emocionante visión de estrellas
fugaces que hacía volar mis fantasías. |